15 Julio 2020

Los grupos online de apoyo emocional de Plena inclusión Andalucía se consolidan y continuarán celebrándose después del verano

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  • La idea surgió a raíz del confinamiento provocado por la crisis del Coronavirus
  • Su acogida ha sido tan positiva que continuarán celebrándose después del verano

Una de las iniciativas que se han puesto en marcha desde Plena inclusión Andalucía durante el confinamiento es la creación de unos grupos online de apoyo emocional dirigidos a personas con discapacidad intelectual y familiares. En vista de las particularidades que iba a ocasionar el no poder salir de casa, a través de las entidades y bajo demanda directa de las familias, las áreas de Apoyo a Familias y de Ciudanía Activa de Plena inclusión Andalucía, se pusieron en colaboración para organizar estos grupos, según explican Rosa Díaz y Dabel López, responsables de las citadas áreas de la federación.

Las solicitudes fueron llegando y las dinamizadoras encargadas de conducir las sesiones, Rosa Mena, Virginia Luis y Verónica Rodríguez, se pusieron manos a la obra. En total, se han creado dos grupos para Hermanos, adultos y adolescentes, cuatro para familiares, sobre todo padres y madres, y otros dos para personas con discapacidad intelectual. Los encuentros empezaron con una frecuencia de dos veces a la semana, durante dos horas, pero a medida que en Andalucía comenzaba la desescalada, los encuentros se realizaban una vez por semana.

“La estructuración y contenido de las sesiones de apoyo emocional”, cuenta Rosa Mena, psicóloga con una amplia experiencia en tratamientos con personas con discapacidad intelectual y familiares, “se ha realizado también en función de las necesidades de cada grupo y de cada sesión. No había una planificación detallada, sino que la premisa era atender y estar pendientes de las necesidades de las familias”. “Con cada grupo”, continúa Rosa, “hemos creado un grupo de whatsapp en el que las dinamizadoras hemos compartido artículos de interés, pero sobre todo han sido un lugar de encuentro para las familias, que se han dado un apoyo mutuo muy valioso”.

Raquel, madre de Martín, de 9 años, que tiene una enfermedad rara y discapacidad intelectual, y de Amanda, de 8 años, ha estado sola con ellos durante todo el confinamiento, y los grupos de apoyo emocional le han servido mucho: “el encontrarme con una hermana de una persona con discapacidad intelectual, en este caso adulta, me ha ayudado mucho a comprender la situación de Amanda. Además, hemos tenido la oportunidad de desahogarnos y nos hemos sostenido los unos a los otros, lo que para mí ha sido una completa desconexión de estar 24 horas atendiendo a mis hijos. Esperaba con ganas que llegaran las sesiones”.

Para Esther, de Almería, la experiencia también ha sido muy positiva. Madre de mellizos de 14 años, uno de ellos con discapacidad intelectual, cuenta riendo cómo lo  dejaba todo para conectarse a las sesiones. “Este apoyo que hemos tenido durante el confinamiento no lo he tenido yo jamás en 12 años, desde que le diagnosticaron a mi hijo su discapacidad”, nos explica muy emocionada. “Además, mi hija, que está atravesando una etapa muy difícil está teniendo un seguimiento individual y está logrando muchas cosas”.

Virginia Luis, educadora social especializada en atender a personas con discapacidad intelectual, se ha encargado de los grupos dedicados a ellas. Para ofrecerles apoyo, “me centré en enseñarles pautas para sobrellevar sus miedos y la incertidumbre que generaba esa nueva situación. También elaboramos horarios para establecer nuevas rutinas y hemos trabajado mucho la gestión de las emociones, el cuidado personal, la autoestima y la comunicación con la familia”.

“A raíz del confinamiento se han agudizado muchos casos, por ejemplo de personas con hiperactividad o autismo”, explica Rosa Mena. “Les cortaron su vida de repente, dejaron de hacer sus rutinas, de acudir a sus centros, y en muchas familias ha habido que hacer seguimientos individuales, porque nos hemos encontrado con casos graves que finalmente han acabo en intentos de autolisis o ingresos en Salud Mental”.

Pilar tiene 34 años y es autogestora de la asociación Apamys, en Huelva. A través de la entidad pudo acceder a estos grupos de apoyo emocional que le interesaban sobre todo porque, según nos detalla, “me cuesta nivelar mis emociones”. Dice que lo mejor de la experiencia ha sido aprender de los compañeros: “de Estíbaliz he aprendido a tener paciencia y constancia, y de Patricia, que es muy cariñosa”. También asegura que el hecho de que los encuentros hayan sido virtuales no le ha resultado difícil.

En este sentido, es llamativo observar cómo todas las personas con las que hemos hablado destacan que el carácter online de los encuentros no ha sido ni frío ni distante, como podría pensarse a priori. A esto está bastante acostumbrada Verónica Rodríguez, otra de las dinamizadoras y también psicóloga, quien desde hace un tiempo lleva su consulta particular de manera online. “Tiene muchas ventajas: hablamos de una energía de estar en casa y ese miedo que te puede ocasionar ir a una consulta, desaparece. Es muy cómodo y natural y de hecho, la intimidad se gana con la presencia, no con el contacto físico, es decir, no se pierde calidez siempre que la persona note que tú estás presente”.  

En esto coincide Rosa Díaz, responsable del área de Apoyo a Familias de Plena inclusión Andalucía: “ha habido días en los que, sin habernos visto nunca en persona, hemos notado que alguien no se encontraba bien por la expresión de su cara o su tono de voz y esto demuestra que el clima lo hacen las personas”.

A esto también ayuda el elevado grado de implicación que ha tenido todo el que ha participado en los grupos, como también nos cuenta Raúl, quien ha participado como cuñado en el grupo de hermanos. “La respuesta por parte del grupo ha sido muy grande y también muy natural, desde un primer momento todos nos hemos implicado y nos hemos abierto para contar cómo nos sentíamos frente a esta situación”.

Tal ha sido la acogida de esta iniciativa, que muchos de los grupos aún siguen manteniendo reuniones periódicas y la gran mayoría ha mostrado su interés en continuar después del verano. También existe la intención de realizar un encuentro presencial en septiembre, “si la pandemia nos lo permite y sin otra pretensión que disfrutar de la compañía de unos y de otros”, afirma Rosa Díaz.